Crecer bajo una teja rota

“Crecer bajo una teja rota” esconde una reflexión sobre el papel de las madres y padres en la educación de sus hijos e hijas. La misma se ha hecho esperar, pues es la primera publicación escrita desde enero de 2020.

Las tejas se han usado desde la antigua Grecia en las cubiertas de sus construcciones. Representan en este post de forma simbólica, al “tejado” que protege a niños y niñas. Un techo que durante muchos años de vida, observan levantando la cabeza.

Hay muchos tipos de tejas, diferenciadas por: sus acabados, colores, composiciones y diseños. Ocurre como con las maternidad y la paternidad, es fruto de forma innata por nuestras experiencias vitales. Por mucho que se esfuercen en vender packs “estandarizados” y a «granel», la esencia del ser humano está marcada en gran parte por sus experiencias vitales. Somos como la arcilla de las tejas, puesta en manos de la sociedad durante los primeros años de vida, y luego en nuestras propias decisiones.

UNA TEJA ROTA

Quizás para muchas personas que continúen leyendo las siguientes líneas, puedan pensar y desde la crítica rechazar mi siguiente afirmación. 

“La educación que más capacita en la infancia para la vida, es aquella que se cuece bajo el techo de una teja rota”.

Eliecer M.C.

¿Cómo puede ser posible que de algo “roto” no “en perfecto estado” se puedan dar las condiciones óptimas para el crecimiento moral, emocional y psicológico?

CRECER BAJO UNA TEJA ROTA

  • Verás la luz del Sol a través de sus grietas. Sacarás tus propias conclusiones sobre lo que alumbre la verdad. No es opaca pero tampoco es cristalina.
  • Oirás y sentirás la brisa de viento cuando sople fuerte. Dejará de ser algo abstracto para vestirse de emoción. Sentirás como vibran en misma intensidad la rabia y la felicidad.
  • Podrás llegar a mojarte con las goteras que atraviesan sus grietas. Reconocerás con el tiempo la diferencia del sabor entre las lágrimas de «tristeza” y las de «alegría”.
  • Sentirás el frío, y agradecerás tener “un cobijo” en el que protegerte. El amor es la manta más cálida con la que envolver tus sueños y pesadillas.

RECONSTRUIRSE DESDE DENTRO

Una teja rota, está en constante período de “horneado” ante el medio. Es su única forma de sobrevivir ante las situaciones que la alcanzan. Se reconstruye para cada nueva estación que regala la naturaleza, así como para hacer frente a cualquier “fenómeno metereológico adverso”.

En nuestro caso como familias, nos readaptamos en la educación con cada nueva etapa del desarrollo que caminen nuestros hijos e hijas. Además de hacer frente a esos “conflictos” que llegan hasta el corazón de nuestro hogar sin pasar por la puerta de nuestro hogar.

Ser padre o una madre en similitud a una teja rota, lleva consigo varias premisas:

  1. Aceptar que no eres perfecto o perfecta, y sobre tus dificultades construyes si así lo decides experiencias basadas en el esfuerzo. Servirás de modelo para quién mira los primeros años de vida “desde abajo”. Bajo el “amparo” que le das con tu techo emocional.
  2. Abrazar tu fragilidad como parte del autocuidado necesario para vivir en armonía toda tu vida, mostrando de este forma a los y las más pequeñas de la casa la habilidad de la auto-observación.
  3. Evitar compararte con ninguna otra teja, la textura que percibes al acariciar tus grietas son como la cicatriz de un recuerdo. Recuerdos que no están para “marcarte” sino para enseñarte.
  4. Pedir ayuda cuando lo necesites, te reportará afecto y mostrará a tus peques que la palabra “frágil” es sinónimo de valentía. No ser perfecto o perfecta, ni pretenderlo es uno de los ingredientes para una sana autoestima. Recuerden que hay unos y unas «peques» mirando desde abajo.

¿Quedan personas en el mundo que no estén rotas? o ¿hay demasiadas personas en el mundo, que no aceptan que puedan estar rotas?

CONCLUSIÓN

En contra de lo que muchas personas dicen, los cimientos no son la base de un hogar, sino el techo del adulto que ampara a los menores que se cobijan debajo. Sin ese «cielo» del que lloverán sus primeras experiencias y rayos de luz envueltos de amor, saltan cada día de la cama nuestros hijos e hijas.

Estar roto no es «estar estropeado o estropeada», ningún niño o niña debe crecer sintiendo esa etiqueta, y para ello el rol que asuma el adulto respecto a sí mismo es clave (es su referente).
El gran aprendizaje que he tenido durante este reciente período de confinamiento, parte de una frase muy sencilla pero con una gran carga.

Las niñas y los niños están haciendo las cosas bien, o están aprendiendo a hacerlas.

Eliezer M.C.

Muchas gracias por tomar tu tiempo en esta lectura.

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