Sin pausa pero con prosa

Antes de todo,

es la pausa y no la prosa,

 el silencio entre nota y nota,

lo que da ritmo en la partitura de la vida.

Son los golpes que recibes en silencio, 

los que estrujan tu cuerpo,

para protegerte en esta partitura, 

mientras llueven lágrimas

 por las grietas que has dejado.

,

Representan  las notas de esta partitura,

diálogos jamás versados

 en el vacío que hay en ti.

Vestimos los sentimientos, 

disfrazando lo que pensamos  y

maquillando lo que hacemos.

No hay rima en las palabras

 como tampoco hay sincronía en la vida.

En muchas ocasiones

llegan pronto experiencias, 

provocando que  llegues tarde a otras.

Cuando eres precoz en algunas eres tardío en otras.

Siento el tiempo más que un sirviente,

como la esfera que me envuelve,

con sus agujas y silencios.

Cada día que pasa,

 rodeado por un tiempo,

que jamás se para,

 pero que sí te deja congelado,

cada instante limitado, 

a la métrica sonora del silencio,

 que dejan tras de sí,

 un reguero de segundos.

Son las pausas y no la prosa,

los silencios y no las notas, 

las que ponen ritmo a la melodía,

Son los instantes en los que vives sin aire,

los que te ponen en hora con la vida.

Son los pasos que te detienen,

los que ayudan a elegir la dirección,

como en un reloj, 

los momentos dicotómicos  de sus agujas,

para estar más cerca de un nuevo día,

o lejos de algo que ha ocurrido.

En ocasiones se confunden las agujas,

conforme al presente

 las mismas viven entre dos días, 

el que duerme y el que despierta.

¿Cuánto silencio despierta la pausa?

Son los espacios que rellenan las palabras,

los que aparentan dar sentido a la escritura.

Un diccionario deshojado por la vida,

que olvida que la tilde más importante, 

la lleva el PERDÓN

y su primera palabra es el AMOR.

A cubierto en la escritura,

 liberaba la presión,

de un silencio que me hablaba,

engañado por la prosa,

 ahora alumno de la pausa,

en la que encuentra resuello

 para seguir mi marcha con prosa.