-Hija, ¿quieres que te mienta?

Hija, ¿Quieres que te mienta?

Muchos padres y madres, hemos sido incapaces de hacerle esta pregunta a los más pequeños, sin embargo continuamente a lo largo del día les engañamos. Existen momentos en los que traicionamos su inocencia y confianza para con nosotros. Muchas de estas mentiras las hemos integrado como normales en las rutinas diarias, porque evitan que sintamos frustración con las responsabilidades parentales, entre otros.

  • Ejemplo:

– ¿Papi, puedes dormir conmigo en mi cama?

– Hija, voy a ducharme y a cenar, luego voy a tu cama a dormir contigo, espérame.

Le hemos hecho creer que iríamos a dormir con ellos a su cama, pero en realidad, esperamos que se hayan dormido para cuando llevemos la mitad de esas tareas hechas, porque nuestra intención es descansar en nuestra habitación.

Las consecuencias en los más pequeños de estas mentiras o engaños, que vamos normalizando día a día, es que les generamos más incertidumbre y ansiedad, por esperar algo que no va a suceder, además de enseñarles que no pueden confiar en nosotros.

Todo esto, seguramente para posponer por nuestra parte como adultos un conflicto o situación desagradable, con nuestros hijos (además de mostrarle que el mentir está aceptado desde la familia).Faltar a la honestidad con nuestros hijos, por miedo a no ser capaz de calmar su llanto, su frustración, dice más de nuestra incapacidad para gestionar nuestras emociones que las suyas propias.

Si te concentras y tomas consciencia de muchas de las situaciones del día a día, que evitas “enfrentar” o “abordar” como padre, madre o educador, te darás cuenta, que las dificultades no son de los niños, sino tuyas propias. Por lo que hasta que no las mejores en ti mismo, los pequeños seguirán repitiéndolas, y sufriendo por ello.

Para ayudarlos a manejar la rabia, la frustración, el miedo, debemos de servir como modelos para que aprendan de nosotros desde el ejemplo, no desde la palabra (sabemos que requiere menos esfuerzo educar dando directrices, que siendo realmente un ejemplo con acciones).

Hoy, cada vez que se te plantee una situación de este tipo, pregúntale ¿quieres que te mienta hija?, a los niños no les gusta que los engañen, acepta tus dificultades gestiona tus emociones, y podrás ayudar y enseñar a que gestionen las suyas.

“Ser padres es terapéutico: cuando ayudas a un niño a crecer bien, en cuerpo y mente, también revisas y reparas dentro de ti” (Elsa Punset)

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