07/05/2016 1 min to read

Me has fallado, hija…Tus notas no son como quiero.

Category : Adolescencia, Crecimiento personal, Infancia

Como preludio a las vacaciones de verano están las evaluaciones trimestrales en colegios e institutos, es decir, es el momento en el que a los padres, las madres y tutores se les hace entrega de boletín de notas, con las calificaciones de sus hijos e hijas.

Un papel por norma general tamaño A4 (folio de toda la vida), con los datos personales del alumno, las asignaturas que se evalúan, la calificación de las mismas, y un apartado de observaciones. Muy poca información para “informarnos” de todo un trimestre escolar.

Me has fallado, hija”, ¿cómo me haces esto a mí?, ¿y ahora que le voy yo a decir a tu padre/madre?, ¿con todo el esfuerzo que yo hago para que estudies?… Estas frases y otras resuenan como una canción en los asientos de los coches de los alumnos en el trayecto de camino a casa desde el Colegio o Instituto.

Me viene a la cabeza la siguiente situación. Imaginemos por un momento que este boletín de notas te lo hacen a ti como padre o como madre en tu trabajo, en tu profesión… recrea en tu cabeza cómo ese jefe o superior, te culpabiliza y responzabiliza de sus demonios y desgracias, pues te hace ver y sentir, que no tienes derecho a «equivocarte». Todo esto te genera malestar, pero lo aguantas por muchos motivos pero una única necesidad: el dinero.

Con los niños, adolescentes y jóvenes, ocurre algo muy parecido, salvo que su necesidad no es el dinero, sino el “amor” que esperan recibir y vivenciar de su familia, pero ¿qué sucede? Que chantajeamos, coaccionamos y manipulamos a nuestros hijos con nuestro amor no permitiéndoles el derecho a equivocarse y privándoles del deber de ser responsables de ellos mismos, es decir, transformamos la afirmación “te has fallado, hija” por “me has fallado, hija”.

¿Para qué hacemos esto?

Opción 1: no queremos a nuestros hijos, pues no los aceptamos como son.

Opción 2: queremos a nuestros hijos, pero las evidencias de sus errores dejan al descubierto mis torpezas, dificultades o carencias como padre o madre.

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